"Hay que incitar a pensar, reír y pelear contra la apatía, aburrimiento, pensamiento único y la idiotez que provoca la indiferencia"

lunes, 11 de febrero de 2013

La Sombra


Hacía años que Michael había cambiado el bourbon en las barras de bar por el bourbon en el sofá del salón. También había cambiado el tabaco por los periódicos. Se dedicaba a leer páginas y páginas de prensa. Las críticas cinematográficas eran su predilección. El cine fue una de sus medicinas durante aquel cáncer de pulmón que a punto estuvo de acabar con su vida. En  un pequeño rincón de aquel cargado salón podías encontrar cientos de ejemplares de revistas y periódicos apilados unos con otros. No había perdido ni uno solo durante aquellos años.

Aquella tarde de domingo Michael estaba sentando frente a la ventana, como siempre, observando aquel paisaje de almendros floreados que rodeaban su casa. Le encantaba vivir allí, disfrutar de esa paz que solo podía brindarle la madre naturaleza. Le acompañaba como siempre el whisky. Era de lo poco que arrastraba de su pasado. Lo único que no había podido dejar atrás. Solía decir que ese escocés le había ayudado a quemar y matar todo aquello que había tenido dentro.

Michael leía una crítica sobre lo nuevo de Tarantino, el único Dios que realmente existía, según él. El director americano había regresado con algo que todos sus fans esperaban desde hacía años: un western. Aunque un western a su más puro estilo. Y no había pasado por alto, sino que había levantado, una vez más, a muchos de sus butacas para clamar su nombre. Por otra parte también eran frecuentes los detractores de aquel espagueti western desmitificado.  

Algo llamó la atención de Michael mientras leía. Una sombra pareció moverse junto a unos de los almendros más grandes. Michael se quedo inmóvil, observando por aquella ventana, algo que hacía durante horas a diario. Pero aquella vez era distinto. Michael sabía que había algo raro hay fuera. Fue entonces cuando lo vio.

Durante unos segundos no supo si se encontraba en lo más profundo de un sueño, o quizá dentro de una película. Cuando fue consciente de la realidad pudo por fin descolgar el teléfono y llamar corriendo a la policía. Aquella criatura se dirigía hacia él lentamente pero sin cesar, mirándolo fijamente. Mientras tanto una patrulla de policía se dirigía a su casa.

Las sirenas despertaron a todos los vecinos de aquel pequeño pueblo. Sin embargo Michael las oía cada vez menos, más tenues. Cada segundo que pasaba sentía que algo se apoderaba de él y absorbía todas sus fuerzas. Hasta que dejó de sentir.

Cuando la policía llego a su casa el cuerpo de Michael seguía en aquel sillón donde tantas tardes había pasado. La única diferencia era que aquel corazón ya no latía. La policía nunca encontró rastro de nada, ni huellas, pisadas o algo que pudiese delatar la presencia de alguien en aquel lugar aquella tarde.
Nadie supo nunca que paso realmente con aquel viejo aficionado al whisky y adicto al cine. Hubo quien dijo que aquella criatura que Michael vio aquella tarde no era otra sino la Muerte. 

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