"Hay que incitar a pensar, reír y pelear contra la apatía, aburrimiento, pensamiento único y la idiotez que provoca la indiferencia"

jueves, 21 de febrero de 2013

Piensa


Piensa que entre todas las personas que podrían haber estado aquí, eres tú quien está. Piensa que eres tú el que tiene la oportunidad. Piensa lo que te ha costado llegar aquí, lo que han sufrido los demás. Piensa las veces que soñabas con todo esto, lo que sueñas con  todo aquello. Piensa lo lejos que queda, pero piensa que más cerca que un tiempo atrás. Y piensa que el camino hay que andarlo. Y no solo andarlo, si no también lucharlo. 



Piensa que el camino no es nada fácil. Piensa que no hay gran talento sin gran voluntad. Pero piensa que es el camino, y tú ya estás en él. Síguelo, no lo abandones, aunque debas recorrerlo descalzo. Pelea, aunque lo hagas a contracorriente. Respira, aunque te falte el aire. Y lo más importante, disfrútalo, porque nunca podrás volver atrás. Donde hay un sueño hay un camino. Este es mi sueño y este mi camino. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Nos queremos ir de aquí

Me llamo Pedro Daniel Sánchez Morales, tengo 20 años y soy estudiante. Estoy en mi primer año de carrera, de comunicación audiovisual para ser más exactos, y tengo muy claro que quiero graduarme también en periodismo. Además soy técnico superior en producción de audiovisuales, radio y espectáculos, he estado de prácticas durante 3 meses en una televisión autonómica, he escrito en un periódico local durante varios meses y algunas cosas más. Y tengo toda una vida por delante. ¿Maravilloso no? Pensareis algunos, un futuro prometedor. Y una mierda.

La semana pasada, no recuerdo el día exacto, veía Espejo Público en Antena 3 mientras desayunaba, no suelo verlo por motivos de horario, a esas horas estoy en otras cosas, pero aquel día me tocó. En el programa recordaban como el día anterior la embajadora de Ecuador presentó en directo el programa Prometeo de su país. El programa busca fortalecer las capacidades de investigación de diversos centros e instituciones del país a través de la vinculación con investigadores extranjeros y ecuatorianos residentes en el exterior. Es decir pretende atraer a diversos profesionales de ciencia, tecnología, innovación y productividad a Ecuador.

Bien, ese mismo día, Susana Griso dio pasó algunas de las llamadas que había recibido el programa para dejar el curriculum e intentar formar parte del proyecto. Una de ellas me llamó mucho la atención. No es que me sorprendiera la situación de aquella persona, seguro que hay muchísimas más de manera similar, si no que me dí cuenta de que esa situación la podemos vivir cualquiera de nosotros, yo mismo,  en unos años. Y no hablo solo de futuro, pues como he dicho la situación de este chico es la de muchos. 

No recuerdo su nombre, tenía treinta y algunos años además de cuatro licenciaturas (tres en España y una en EE.UU), dos masters, un Doctorado Cum Laude (máximo reconocimiento académico en nuestro país), mas de veinte títulos postgrado y estaba acabando su segunda tesis doctoral. También contó el caso de su pareja: dos licenciaturas, dos masters y unos cuantos títulos postgrado, si no recuerdo mal. Hasta aquí todo increíble, la envidia de cualquier persona con ambiciones en la vida. El problema no era su preparación ni mucho menos, el problema estaba en que él ganaba 800 euros mensuales. Ella 400. 

El muchacho estaba indignado, indignado con su país, y no lo dijo, pero seguro que lo estaba también con su clase política, con su base, con la sociedad misma, con nuestra pobre cultura, con nuestros medios de comunicación, con nuestra "democracia", con nuestra "justicia"  y con la vergüenza maloliente que desprendemos. Pedía a gritos salir de aquí, donde fuese, no dijo lugar, solo pedía que fuese fuera de nuestras fronteras. 

¿Saben una cosa señores? No es el único que lo pide, por suerte para ustedes o por desgracia para nosotros si es uno de los pocos que tuvo la oportunidad de hacerlo público. Y no quieren darse cuenta pero nos están echando señores, no nos queremos ir, nos están echando. Como decía Beatriz Talegón, "no nos quereís escuchar", "nos tenéis aquí y ni siquiera venís a preguntarnos cual es nuestro punto de vista", no quieren escuchar a su futuro, no nos dan voz y van a conseguir quedarse sin él. Y no hablo solo de crisis, una de las consecuencias. No, no nos engañemos. El problema está en la base, en la base de nuestra educación, de nuestra cultura, de nuestra clase política. Problema que ha dado lugar a muchas consecuencias, aunque en algunas bocas solo esté la economía. 

Yo quiero quedarme, pero me van a hacer irme. Vivimos en un país donde pegamos un tijeretazo a la educación, pero le salvamos el culo con 30.000 millones a quién no se los merece. Un país donde un juez que quiere hacer justicia es procesado. Un país donde los que tienen que dar ejemplo son los menos ejemplares. Un país donde el cohecho, la prevaricación, la malversación de caudales públicos son algunos de los primeros platos de cada día. Un país de trajes, de sobres, de corrupción urbanística. Y no hablo de lados, hablo de clases. Un país donde si intentamos decir la verdad se nos señala. Un país donde si un periodista habla con claridad pedimos su cabeza. Un país donde pocos valoramos a los que no quieren ayudar de verdad. Un país donde la cultura vale un 21% más. Un país que quiere a Belén Esteban como presidenta del pueblo. Un país donde cada uno va su jodido interés. Un país donde nadie escucha a nadie. Podría seguir, pero me agotan, colman mi paciencia. 

Verán ustedes, yo no quiero vivir aquí.  O por lo menos no de esta manera, con estas condiciones. Siempre suelo decir que soy único, pero en este caso creo que me equivoco. Hagan algo señores y háganlo rápido. Por que nos tienes hasta los cojones. 


lunes, 11 de febrero de 2013

La Sombra


Hacía años que Michael había cambiado el bourbon en las barras de bar por el bourbon en el sofá del salón. También había cambiado el tabaco por los periódicos. Se dedicaba a leer páginas y páginas de prensa. Las críticas cinematográficas eran su predilección. El cine fue una de sus medicinas durante aquel cáncer de pulmón que a punto estuvo de acabar con su vida. En  un pequeño rincón de aquel cargado salón podías encontrar cientos de ejemplares de revistas y periódicos apilados unos con otros. No había perdido ni uno solo durante aquellos años.

Aquella tarde de domingo Michael estaba sentando frente a la ventana, como siempre, observando aquel paisaje de almendros floreados que rodeaban su casa. Le encantaba vivir allí, disfrutar de esa paz que solo podía brindarle la madre naturaleza. Le acompañaba como siempre el whisky. Era de lo poco que arrastraba de su pasado. Lo único que no había podido dejar atrás. Solía decir que ese escocés le había ayudado a quemar y matar todo aquello que había tenido dentro.

Michael leía una crítica sobre lo nuevo de Tarantino, el único Dios que realmente existía, según él. El director americano había regresado con algo que todos sus fans esperaban desde hacía años: un western. Aunque un western a su más puro estilo. Y no había pasado por alto, sino que había levantado, una vez más, a muchos de sus butacas para clamar su nombre. Por otra parte también eran frecuentes los detractores de aquel espagueti western desmitificado.  

Algo llamó la atención de Michael mientras leía. Una sombra pareció moverse junto a unos de los almendros más grandes. Michael se quedo inmóvil, observando por aquella ventana, algo que hacía durante horas a diario. Pero aquella vez era distinto. Michael sabía que había algo raro hay fuera. Fue entonces cuando lo vio.

Durante unos segundos no supo si se encontraba en lo más profundo de un sueño, o quizá dentro de una película. Cuando fue consciente de la realidad pudo por fin descolgar el teléfono y llamar corriendo a la policía. Aquella criatura se dirigía hacia él lentamente pero sin cesar, mirándolo fijamente. Mientras tanto una patrulla de policía se dirigía a su casa.

Las sirenas despertaron a todos los vecinos de aquel pequeño pueblo. Sin embargo Michael las oía cada vez menos, más tenues. Cada segundo que pasaba sentía que algo se apoderaba de él y absorbía todas sus fuerzas. Hasta que dejó de sentir.

Cuando la policía llego a su casa el cuerpo de Michael seguía en aquel sillón donde tantas tardes había pasado. La única diferencia era que aquel corazón ya no latía. La policía nunca encontró rastro de nada, ni huellas, pisadas o algo que pudiese delatar la presencia de alguien en aquel lugar aquella tarde.
Nadie supo nunca que paso realmente con aquel viejo aficionado al whisky y adicto al cine. Hubo quien dijo que aquella criatura que Michael vio aquella tarde no era otra sino la Muerte.