"Hay que incitar a pensar, reír y pelear contra la apatía, aburrimiento, pensamiento único y la idiotez que provoca la indiferencia"

jueves, 10 de enero de 2013

Cruzada de Hollywood contra un grande.

Hace cosa de un año, quizá algo menos, que me enteré de que Tarantino volvía de la mano de un western, algo que no sorprendía nada, por lo menos a los que lo conocemos un poco. Desde entonces he perseguido ansiadamente toda información posible sobre su último largometraje, como un poseso. Desde los posibles nombres, pasando por los lugares de rodaje, hasta las fechas de estreno cuando nada de esto estaba aún claro.

Hoy, cuando ya mi calvario llega casi a su final, a falta de tan solo ocho días para poder disfrutar como un crío chico de Django Desencadenado, me mandan otra ilusión a tomar por culo. Y no quiero yo mear muy alto, no vaya a ser que luego me caiga encima, pero resulta que Quentin se vuelve a quedar fuera en la nominación al Oscar en la categoría de dirección. 



Y ya digo que no quiero yo que me escuchen muchos, que aún no he tenido oportunidad de ver Django y juzgar. Lo que si he visto es que Tarantino estaba en todas las listas previas, en todas las quinielas, en los pronósticos. Cuando el río suena, perdónenme ustedes, agua lleva.

Lo que también vi es que un clásico, una de los mejores films de la historia del cine (no lo digo yo, lo dicen muchos), Pulp Fiction, se tuvo que conformar con el Oscar al mejor guión, que no está mal, ni mucho menos, pero que sabe a poco, y cada año a menos. 

Pude ver que Malditos Bastardos de ocho se llevó a casa uno, el de Waltz. Indiscutible, por cierto. Y ahora veo que de un modo u otro se repite la historia de siempre. Que todavía tenemos la nominación a la mejor película, pero que ahí más de una que pisa fuerte. 

Habrá que conformarse con poder disfrutar una vez más del fantástico cine de Quentin y seguir adelante con él, sabiendo que formamos parte de esa gran número de discípulos incondicionales. 

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