"Hay que incitar a pensar, reír y pelear contra la apatía, aburrimiento, pensamiento único y la idiotez que provoca la indiferencia"

lunes, 3 de diciembre de 2012

Elogio de la locura

"Aunque los mortales hablen mucho de mí, sin embargo, no soy tan necia como a menudo oigo decir a algunos que son locos en grado sumo, pues sólo yo, yo sola, puedo regocijar a los dioses y a los hombres, y si de ello necesitáis una prueba incontrovertible, observad que, con sólo verme dispuesta a tomar la palabra ante esta numerosa asamblea, todos vuestros semblantes reflejaron de pronto una nueva e insólita alegría  de súbito desarrugasteis el entrecejo y me acogisteis con francas y amables risas, mientras veo también que en torno a mí hay muchos que antes se hallaban tristes y acongojados, casi como si acabaran de salir del antro de Trofonio, y ahora se tambalean como los dioses de Homero, ebrios de néctar y de nepente"


(Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam. 1511.)



¿Que si la locura es de locos? Claro, como el fútbol de futbolistas. Rara comparación, pensaran muchos de ustedes. Todo depende de la acepción que queramos tomar del término. Desviación de la norma, rechazo de las normas sociales, desequilibrio mental, realización de actos extraños, etc. 

Yo prefiero entender la locura de otro modo. Ahora bien, no me pregunten cual es ese modo, porque no sabría responder. Lo único que se es que la norma, entendida como la normalidad, con frecuencia aburre. Y cuando algo me aburre yo le busco remedio me divierta.



Al igual que pasa con el fútbol, que es de futbolistas pero también de espectadores y demás seres, la locura es de locos y de no tan locos. Y a veces, o incluso con más frecuencia que a veces, hay que aprender a hacer reír a los demás, a reírnos nosotros, a hacerlo de nosotros mismos. A no vivir con un manual de normas, un protocolo o un libro de instrucciones. A encerrar la vergüenza bajo llave, que a veces solo perjudica. Al igual que los prejuicios, que ponen candado a puertas que deberían estar abiertas. 

Que para personalidad la diferente, no la que ya estamos hartos de ver. Que los trajes de chaqueta no siempre te hacen ir de etiqueta y que la prudencia inoportuna nunca ha sido buena. Que el mito de la caverna sea eso, un mito. Que no deberíamos vivir nuestra vida más que como nosotros consideramos. Que los dedos que señalan lo hagan con motivos. 

Que como dijo Erasmo: " Es de buena hora ser todo lo loco que se quiera siempre que se reconozca que es honroso el serlo".


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