"Hay que incitar a pensar, reír y pelear contra la apatía, aburrimiento, pensamiento único y la idiotez que provoca la indiferencia"

martes, 4 de diciembre de 2012

¿Mito? de la caverna.

Me hace gracia ver el revuelo que se ha montado en las últimas semanas con el tema de Évole. Es curioso. ¿No les parece paradójico que muchos pidan la cabeza del que es, posiblemente, el mejor periodista de este país? Quizá aquí no tenga tanto de sorprendente.  El caso es que esos muchos no saben que somos muchos más los que estamos con él.

Todo esto me recuerda al mito de la caverna de Platón, que en este país lo de mito cada vez tiene menos sentido. Aquí podríamos hablar de "la realidad de la caverna". La caverna por supuesto es España y la realidad es que aquí  nos cuentan lo que quieren y lo que les interesa a unos pocos. Pero hoy no quiero entrar en protestas de indignado. Hoy lo que me toca es dar las gracias a Jordi por tener, como diría Don Lorenzo, los santos cojones de abrir poco a poco todas las ventanas y dejar que pase la luz.


Con una gran labor periodística el presentador de Salvados se está encargando de que el mito siga siendo mito y hacer que muchos tengan que enseñarnos los ases que tienen bien guardados debajo de la manga. Una labor que muchos echamos de menos en los tiempos en los que corren.



Deben saber ustedes que nosotros tenemos algo en común con Jordi, estamos hasta los mismos de ustedes, de su sinvergonzonería, de su poca moralidad, de sus mentiras, de que se rían de nosotros. Y prueba de ello es que Salvados superó este domingo su récord de audiencia.

Nosotros vamos con la justicia, vamos con la verdad, vamos con la educación, vamos con la virtud y con el buen periodismo. Y para su suerte o su desgracia Évole se ha convertido en un fantástico abanderado de estos conceptos, por eso también vamos con él. Y vamos contra todos ustedes que piden su cabeza.

Gracias Jordi por tu labor, gracias por tu periodismo de denuncia, gracias por tu fantástico humor, por tu ironía que tantas veces echo de menos en esta vida, gracias por tener los huevos en su sitio, gracias por tu descaro. Te has ganado a pulso el aprecio y la admiración de muchos. Esto seguro que muchos pensaran como yo, pensaran que eres un ejemplo a seguir. Lástima que este deporte sea individual, nos vendría de cojones un equipo entero de Jordis.

Señores, repito, sepan ustedes que esta guerra no la ganan.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Elogio de la locura

"Aunque los mortales hablen mucho de mí, sin embargo, no soy tan necia como a menudo oigo decir a algunos que son locos en grado sumo, pues sólo yo, yo sola, puedo regocijar a los dioses y a los hombres, y si de ello necesitáis una prueba incontrovertible, observad que, con sólo verme dispuesta a tomar la palabra ante esta numerosa asamblea, todos vuestros semblantes reflejaron de pronto una nueva e insólita alegría  de súbito desarrugasteis el entrecejo y me acogisteis con francas y amables risas, mientras veo también que en torno a mí hay muchos que antes se hallaban tristes y acongojados, casi como si acabaran de salir del antro de Trofonio, y ahora se tambalean como los dioses de Homero, ebrios de néctar y de nepente"


(Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam. 1511.)



¿Que si la locura es de locos? Claro, como el fútbol de futbolistas. Rara comparación, pensaran muchos de ustedes. Todo depende de la acepción que queramos tomar del término. Desviación de la norma, rechazo de las normas sociales, desequilibrio mental, realización de actos extraños, etc. 

Yo prefiero entender la locura de otro modo. Ahora bien, no me pregunten cual es ese modo, porque no sabría responder. Lo único que se es que la norma, entendida como la normalidad, con frecuencia aburre. Y cuando algo me aburre yo le busco remedio me divierta.



Al igual que pasa con el fútbol, que es de futbolistas pero también de espectadores y demás seres, la locura es de locos y de no tan locos. Y a veces, o incluso con más frecuencia que a veces, hay que aprender a hacer reír a los demás, a reírnos nosotros, a hacerlo de nosotros mismos. A no vivir con un manual de normas, un protocolo o un libro de instrucciones. A encerrar la vergüenza bajo llave, que a veces solo perjudica. Al igual que los prejuicios, que ponen candado a puertas que deberían estar abiertas. 

Que para personalidad la diferente, no la que ya estamos hartos de ver. Que los trajes de chaqueta no siempre te hacen ir de etiqueta y que la prudencia inoportuna nunca ha sido buena. Que el mito de la caverna sea eso, un mito. Que no deberíamos vivir nuestra vida más que como nosotros consideramos. Que los dedos que señalan lo hagan con motivos. 

Que como dijo Erasmo: " Es de buena hora ser todo lo loco que se quiera siempre que se reconozca que es honroso el serlo".