"Hay que incitar a pensar, reír y pelear contra la apatía, aburrimiento, pensamiento único y la idiotez que provoca la indiferencia"

jueves, 29 de noviembre de 2012

Pensamiento productivo.

Dice Kenichi Ohmae que la creatividad no puede enseñarse, pero si puede aprenderse. "La inspiración creadora es como el tizón, una brasa ardiente que debe atizarse para que prenda y brilla", intentando hacer de esa brasa una hoguera de sabiduría.

Deben ser la circunstancias, o quizá las casualidades, no lo se, pero es en este momento cuando estoy más convencido de mis ganas de avivar esa llama. De mis ganas de pensar, pensar productivamente, asociando y uniendo conocimientos ya conocidos y comprobados para crear nuevas ideas, nuevos objetos. Aprender a pensar para después saber en que hacerlo. Revelarme contra la indiferencia, contra la pasividad, contra el peso muerto. Conceptos que paralizan toda mente y toda capacidad creativa. Todos podemos crear. Crear es pensar. Algunos hacen de su llama una hoguera, otros una vela.

Son las ganas de enfrentarse a una nueva meta, a un nuevo proyecto. Las ganas de aprovechar las oportunidades y poder convertirlas en lo que desde tiempo atrás soñamos. Como decían en Million Dollar Baby: "La magia de un sueño que nadie ve, excepto tú".


martes, 27 de noviembre de 2012

Odio a los indiferentes.


Como bien dijo  Antonio Gramsci: 
"Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes”

Ahora que me enfrento a un nuevo sueño, a una nueva meta, ahora que decido volver por aquí, me viene a la cabeza algo que ya escribí al respecto: 




Soñadores

Dice un rapero amigo mío en una de sus canciones: ‘’busco otra manera, dejo soñar, la realidad me quema’’. Demasiado fácil es la vida si la afrontamos con la cabeza agachada, mirando al suelo, si por el contrario erguimos la mirada y le hacemos cara a la realidad las cosas cambian. Nada sencilla es esta realidad en la que vivimos y el ser humano necesita algo que le ayude a enfrentarse a ella. Ese algo, ese incentivo lo forman nuestros sueños. 

Todo sabemos que en la vida se pueden escoger muy diversos caminos. Estos caminos están marcados por los sueños, ellos nos llevaran a recorrer uno u otro. Sin embargo, no entiendo el porque, criticados somos aquellos algo soñadores, tachados de idealistas, fantasiosos. 


Yo les digo algo, se puede llegar a cualquier parte siempre que se ande lo suficiente y si se mira al cielo se acabará por tener alas, por eso y por mucho más, déjennos soñar tranquilos, déjennos alimentar nuestra alma de sueños. Y desde aquí les invito a hacer una reflexión, piensen y díganme ¿que es la vida si no un sueño?